2010.08.30 – Ensayo – Violencia

Primero es importante entender qué significa violencia; después de investigar en diversas fuentes finalmente pude concluir una definición que tomara un poco de las que me parecieron más acertadas. Violencia es la expresión de cualquier acto intenso, físico o emocional, que pretende hacer daño o causar miedo. Cuando hace daño la violencia se convierte en agresión. Cuando causa miedo se torna en intimidación, naturalmente es posible combinarlas. Tanto la agresión como la intimidación tienen matices físicos y emocionales, pero no son violencia, sino un reflejo de la misma.

Convivir, en este contexto, también puede tener dos matices, tanto la convivencia de un ente sociocultural con un efecto sociocultural, como del individuo ante el efecto sociocultural.

En segundo lugar, me pregunté cuál es la naturaleza de la violencia. Es evidente, en este contexto, que los seres humanos tienen la potencialidad de ser violentos. De acuerdo a la evidencia científica, los antepasados de la especie humana son animales no humanos, por lo que no pude evitar la pregunta ¿los animales no humanos pueden ser violentos?

Afortunadamente ya había pasado por los conceptos de agresión y violencia, por lo que me fue sencillo recorrer cierta cantidad de especies y entender que no era una intención o una pretensión, sino que si su supervivencia implicaba hacer daño, lo hacían, si implicaba causar miedo, lo hacían. Esto me permitió concluir que sólo son capaces de actos que reflejan violencia, desde una perspectiva antrópica, pero que no son violencia.

¿En qué momento de la evolución el hombre se hizo capaz de ser violento? Esta fue una pregunta muy reveladora. Los actos de agresión e intimidación implicaban supervivencia, por lo que había dos posibilidades: o la violencia era una forma “optimizada” de sobrevivir, o pretendía algo más complejo que la supervivencia. Una mejor forma de sobrevivir implica o que tomaba menos riesgos, o que causaba daño o miedo de manera más efectiva. En ambos casos la respuesta me pareció negativa. La violencia toma prácticamente tantos riesgos como la agresión y es casi tan efectiva como la intimidación. Era una respuesta posible, sin embargo, ante lo que me pareció tan escaso en cuanto a ventajas, quise explorar la segunda alternativa, la cual me dejó mucho más satisfecho.

Las expresiones de agresión en los animales no humanos, cuando no significan alimentación, representan la defensa de un territorio o de alimento, en general, de necesidades básicas de dichos entes. La violencia en cambio, se torna más en una actitud que parece succionar poder del entorno. Para llegar a esta conclusión tuve qué entender la diferencia entre poder y supervivencia. Tener control de un territorio que conozco, que me permite protegerme y alimentarme, no tiene una implicación de poder, implica únicamente mantenerme vivo. O al menos eso interpreto de las especies animales que fui capaz de imaginar. En cambio, cuando una persona se torna violenta, tanto puede estar protegiendo algo que le permite sobrevivir, como algo que “desea” y que no necesita, que de hecho quiere tomar para él (aunque no lo necesite) incluso si debe quitarlo a otro (aunque lo necesite). Así entendí que la naturaleza de la violencia es egoísmo. No quisiera en este momento extenderme respecto al egoísmo, sino que ahora que creo entender la raíz del problema, me avocaré a tratar de responder la pregunta, materia de este pequeño ensayo.

¿Qué significa, por lo tanto, convivir con la violencia? Convivir significa “compartir la vida con”, pero como mencioné al inicio, en este contexto, tiene dos matices. Como ente sociocultural, una convivencia con la violencia implica que hay un sistema disfuncional, que favorece a diversos grupos, que a través de diversas herramientas (físicas, económicas, legales o de comunicación), tienen ventajas contextuales en sus actos de intención de daño y miedo. Es importante recalcar que en términos de violencia, lo relevante no es si efectivamente lo provocan, sino que faciliten el acto de intención. Convivir con la violencia significa pues, con este matiz, que distintos organismos de ese ente sociocultural traten de mantener la objetividad ante un ambiente que facilita la violencia y que esa objetividad se traduzca en una capacidad para ir modificando el propio ambiente. Claro, en el entendido de que obviemos que lo éticamente correcto sea que un individuo no sea capaz de quitar los medios de supervivencia de otro.

Desde el matiz del individuo, convivir con la violencia implica no dejarse vencer por el daño o por el miedo, asumiéndolo como real y efectivo, pero sin limitar su vida como si fuese fantasioso o impotente. De esta manera, me parece, será capaz de mantenerse consciente de lo que ocurre, pero no beneficiará la práctica de la violencia y, aportando su granito de arena, argumente ante la evolución que la violencia no es efectiva para que los individuos de esta especie satisfagan sus necesidades.

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2010.08.23 – Reporte – Discurso del método

René Descartes: Discurso del Método

Primera parte.

Justificación de la intención. En la primera parte, René Descartes simplemente justifica las razones que lo llevaron a publicar el libro. Todo su discurso está hecho a tono personal y está plagado de justificaciones que dificultan un poco la crítica, pero la primera parte consigue la excelencia en este sentido, haciendo imposible poner en duda sus razones, es pues, absolutamente subjetiva. Es una especie de prólogo.

Segunda parte.

Método. Aquí ya es posible decir que comienza el libro, Descartes explica su método a través de 4 grandes premisas, a saber:

  1. “No admitir jamás nada por verdadero que no conociera que evidentemente era tal; es decir, evitar minuciosamente la precipitación y la prevención y no abarcar en mis juicios nada más que lo que se presentara tan clara y distintamente a mi espíritu que no tuviera ocasión de ponerlo en duda”.
  2. “Dividir cada una de las dificultades que examinara en tantas partes como fuera posible y necesario para mejor resolverlas”.
  3. “Conducir por orden mis pensamientos, comenzando por los objetos más simples y más fáciles de conocer para subir poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más compuestos, y aun suponiendo orden entre aquellos que no se preceden naturalmente unos a otros”.
  4. “Hacer en todo enumeraciones tan completas y revisiones tan generales que tuviese la seguridad de no omitir nada.”[1]

Tercera parte.

Moral provisional. Su “moral provisional” consiste en 4 máximas, las cuales funcionan como una especie de respaldo o protección a su propio método, y son:

  1. Mantener sus acciones respetuosas de las leyes del país donde se encuentre, mantener su religión y llevar a cabo prácticas que sean comúnmente aceptadas, observando el comportamiento de quienes le parezcan más sensatos, para actuar de maneras similares. Esta máxima le protege de los excesos.
  2. Ser firme y resuelto, seguir sus opiniones más dudosas con la misma constancia que las que parezcan más seguras. Menciona que gracias a esta máxima queda protegido de arrepentimientos y remordimientos.
  3. Tratar de vencerse a sí mismo antes que a su suerte, modificar sus deseos antes que el orden del mundo, sabiendo que no existe nada que dependa enteramente del individuo, salvo sus pensamientos. Esta máxima, dice, le permite estar en un continuo estado de satisfacción.
  4. Revisar todas las ocupaciones de las personas, hasta encontrar la que le parezca mejor. De esta manera, independientemente de su método, considera que su vida estará bien aprovechada.

Cuarta parte.

Pienso, luego existo. En la parte cuatro, sin duda la medular de toda su obra, establece una de las líneas más importantes de su pensamiento, señala: “como los sentidos nos engañan, quise suponer que no hay nada que sea como ellos nos lo hacen imaginar”. A partir de esta reflexión es entonces capaz de dudar de toda la información que le brindan sus sentidos, para finalizar con su primer gran conclusión: si de algo no puede dudar es de que está dudando, es evidente que la duda es un pensamiento, y que ese pensamiento lo está teniendo él, así llega al famoso “cogito, ergo sum”, o “pienso, por lo tanto existo”.

Su segundo juicio es que las cosas que concebimos “muy claramente y muy distintamente”, son todas verdaderas. Es una lástima que no explique a qué se refiere con “muy distintamente”, donde según dice, radica la dificultad para saber si algo es real.

Después el tema que parece importarle más es el de la existencia de dios, y de manera por demás forzada llega a la siguiente conclusión: dado que él es capaz de pensar en algo más perfecto que él, ese ente debió haberle sembrado esa capacidad de concebirlo. Aparenta quedar feliz con esta conclusión, pero durante el resto del libro se excede tanto en recordar esta conclusión que haría reflexionar a cualquier psicólogo respecto a la inseguridad que demuestra ante dicha conclusión.

Quinta parte

Cuerpo y alma. En la parte cinco, después de una larguísima explicación de la anatomía humana, particularmente del sistema circulatorio, desemboca en aquello que diferencia a los humanos de las bestias, siendo ambos del reino animal. De acuerdo a su época, es comprensible que haga la siguiente aseveración: “(…) es cosa muy notable que no haya hombres tan torpes y tan estúpidos, sin exceptuar siquiera a los locos, que no sean capaces de coordinar diversas palabras y componer un discurso mediante el cual hagan entender sus pensamientos, y que, por el contrario, no haya otro animal por más perfecto que sea y más felizmente dotado que esté, que haga algo parecido”[2]. Eso aparentemente es argumento suficiente para señalar que las bestias no tienen razón en absoluto. Con esto concluye la existencia de un “alma racional”, únicamente poseída por las personas.

Sexta parte.

Justificación final. El último es un capítulo por demás revelador, tanto del contexto histórico de Descartes como de sus propios intereses, dejándose entrever la mayor carga de egolatría de su libro, respaldando la inseguridad que demuestra a lo largo del mismo y que probablemente lo lleva a sus eternas justificaciones. En esta última parte habla descaradamente su miedo, no sólo a ser juzgado respecto a las leyes civiles o religiosas (que en la época eran prácticamente lo mismo), sino también, entre líneas, a ser duramente cuestionado por otros filósofos y científicos.

Conclusiones.

La obra de René Descartes es sin duda innovadora, ha pasado la mitad de un milenio y su pensamiento continúa siendo influyente en la filosofía contemporánea, y es sin duda este método el que lo convierte en el padre de la filosofía moderna.

Hay grandes contradicciones en su obra, por ejemplo se puede leer cobardía en un principio filosófico de dudar de “todo”, cuando está exceptuando todo lo que contiene su moral provisional; bastante comprensible por el contexto histórico. Su forma de argumentar la existencia de dios es tan arbitraria que claramente rompe con su propio método, el cuál también debió explicar mucho mejor en su obra, pareciera que los puntos son ambiguos para poder tener la libertad de llegar a conclusiones como esta. La diferenciación que hace con los animales y su argumentación del alma racional también es bastante gris y poco estricta respecto a su propio método que aparenta estar muy bien estructurado de origen.

Por supuesto hoy se analiza esto a la luz de lo que ha revelado la ciencia en el último siglo, no sería justo arrebatar a Descartes su gran aportación epistemológica, es su aportación metafísica la que está siendo cuestionada.


[1] Descartes, René. Discurso del Método. Losada, Océano, 1ª ed., p. 37, trad. J. Rovira Armengol

[2] idem p. 70

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2010.08.09 – Reporte – El laberinto de la soledad

El punto de partida del autor bien pudiera parecer arbitrario, ya que comienza hablando de la (ausencia de) identidad del mexicano que vive en Estados Unidos, particularmente en Los Ángeles, a quien en la época del libro se le conocía como “pachuco”.

Entender la arbitrariedad del comienzo de su obra, me permitió entender un patrón de híbridos, en al menos tres aspectos:

a)      La mitad de la obra cumple con una estructura histórica, mientras que la otra mitad habla de manera más o menos ecléctica de distintas dimensiones de la “mexicanidad”.

b)      El ensayo, en su forma, es un híbrido entre prosa poética e investigación académica.

c)      La propia figura de Octavio Paz fluctúa a lo largo de su vida entre el artista y el científico social.

Desde esta perspectiva, los argumentos que me parecieron más significativos, los podría clasificar en dos tipos, los que surgen de la parte desestructurada de su ensayo, y los que menciona dentro de un contexto histórico.

Del primer tipo destaco: el “limbo” en el que sólo se ha encerrado el mexicano que vive en Estados Unidos, las diferencias básicas entre quienes llama “norteamericanos” (evidentemente estadounidenses) y los mexicanos; por supuesto el origen de su concepto de la soledad en que considera vive atrapado el mexicano, cómo de esa soledad se desprenden diferentes vicios y gustos tradicionales, particularmente el espíritu festivo y el concepto de “rajarse”; la perspectiva única ante la muerte, la forma en que nos (in)comunicamos, el albur y derivado de esto un ensayo encapsulado que explica la palabra “chingar” con muchas de sus variaciones y seguramente en todas sus connotaciones de la época; el rol de la mujer y el estereotipo de mexicana.

En la frontera entre lo ecléctico y lo histórico hace una reflexión brillante, una abstracción donde conecta tres conceptos en un solo patrón:

a)      El obrero ya no es un individuo, es un concepto genérico y estandarizado, una especie de activo social.

b)      Los mensajes de los gobiernos al pueblo, ya no son ideas cuestionables, ya son fragmentos de verdad remendados con falacias, que las masas terminan abrazando como principios básicos.

c)      De la misma manera, las persecuciones comienzan contra grupos aislados de un pueblo y terminan por afectar a toda la población. El terror de un grupo se vuelve genérico cuando se convierte en culpabilidad de todos.

En cuanto al segundo tipo, hay una gran cantidad de conclusiones históricas, entre las cuales destacaría la bipolaridad que presentan los pueblos indígenas entre el temor y la fascinación ante los conquistadores, la muerte de los dioses ancestrales y el abrazo a la nueva religión, el catolicismo y su función inclusiva en los indígenas; el movimiento ahora llamado de independencia como una mera revuelta burguesa, la peculiaridad de nuestros caudillos en comparación a estereotipos revolucionarios del mundo, la verdadera independencia obtenida con las leyes de reforma, la utopía porfirista y una revolución caótica alejada conceptualmente del resto de las revoluciones del mundo, pero que carga tradiciones fundamentales como el calpulli que da origen a los ejidos; finalmente, lo que ha significado la “inteligencia” mexicana, la intelectualidad donde destaca, todavía en un contexto de herencia e influencia histórica, a Vasconcelos.

Considero que Paz consigue, con este ensayo, decir verdades dolorosas de manera sutil, utilizando un tono poético para mantenerse neutral, de tal manera que El laberinto de la soledad puede ser el libro de cabecera tanto del nacionalista fanático, como del malinchista detractor, incluyendo toda la escala de grises intermedia. Seguramente era un excelente diplomático.

(Nota: debido a la premura, leí la primera edición, que es más corta que la segunda).

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